Para George A. Romero el cine gore era “una bofetada al espectador”, muy necesaria en un momento en el que la sociedad estadounidense vivía la resaca de una reivindicación tan importante como la histórica crítica a la guerra de Vietnam. Por desgracia, pese a la fuerza que tuvo aquél momento, pasó algo que lo redujo a cenizas, la concepción que tenía ese país del resto, algo que todavía no ha cambiado. La realidad es que los territorios tuvieron sus mayos del 68, sus 15 M y sus movilizaciones contra la guerra, sin embargo, no cambiaron. EEUU no modificó su modelo, por lo que a día de hoy sigue necesitando de guerras para mantener su modelo imperialista. Da igual quién sea el enemigo, no importa si es malo o no, lo que quieren es un estado continuo de alarma, que permita desarrollar la paranoia colectiva.
Romero nunca ha dejado de reivindicar lo mismo que empezó haciendo con La noche de los muertos vivientes. No tendría sentido, la sociedad no ha cambio, nos seguimos viendo reflejados en los mismos espejos. A veces nos preguntamos, ¿fue Luis Buñuel un cineasta adelantado a sus tiempo o es que sigue enseñándonos cosas porque no hemos avanzado lo suficiente? Piensen, por ejemplo, en las advertencias del cine de Pier Paolo Pasolini o de las críticas a la burguesía del propio Buñuel. ¿Podríamos negar que Saló o Él siguen siendo perfectamente actuales?
Aunque haya citado a Pasolini y a Buñuel, he empezado hablando de gore y voy a terminar hablando de gore, y de esa bofetada social de la que hablaba Romero. Realmente no puedo asegurar, y es posible que si lo hiciera me equivocara, que Sam Raimi comenzara en el cine por la misma razón que Romero, pero sí hay algo que no dudo ni un momento, que la pasión a la hora de crear sus primeros filmes fue similar. Ninguno contaba con grandes presupuestos, sus ideas era lo más importante y querían que lo que hacían afectara al público. Cada uno tendrá su opinión, pero yo creo que lo consiguieron, que el público salió de sus películas influido por lo que acababan de ver. La clave estaba en esa pasión, en ese interés por obtener una respuesta. Y poco a poco fueron esos efectos en el espectador los que sí cambiaron, al menos, a una pequeña parte de sociedad.














